Durante más de dos décadas, el venture capital fue impulsado por una expansión constante, marcada por mayor número de fondos, gestores activos y capital disponible. Ese patrón histórico ha sido interrumpido. En 2025, el flujo de dinero comenzó a desacelerarse de forma estructural y generalizada.
La recaudación de nuevos fondos, la creación de firmas y la participación de inversionistas institucionales fueron reducidas de manera simultánea. Este movimiento no responde a un evento aislado, sino a una reconfiguración profunda del mercado global de capital de riesgo.
Tras los máximos alcanzados entre 2021 y 2022, la industria ingresó en una etapa de ajuste prolongado, condicionada por menor liquidez. El resultado ha sido un punto de quiebre histórico, comparable únicamente con el colapso posterior a la burbuja puntocom. Aun con avances tecnológicos relevantes, el dinero dejó de fluir como antes. El venture capital está siendo redefinido.

La contracción que redefinió al mercado
Después de veinte años de crecimiento casi automático, la industria del venture capital registró en 2025 su primera contracción real. El volumen de fondos levantados alcanzó un mínimo de diez años, mientras la base de inversionistas activos cayó a niveles históricos.
Este fenómeno fue explicado por la concentración de capital en menos gestores, decisión adoptada por los LPs ante riesgos acumulados. Las carteras heredadas del período de tasas cercanas a cero siguen mostrando valuaciones inciertas y salidas limitadas.
Aunque la inversión fue sostenida por inteligencia artificial y reapertura parcial de IPOs, la expansión no fue generalizada. El mercado comenzó a operar con mayor selectividad y con menos participantes influyendo en decisiones clave.
El punto de quiebre del venture capital
Un dato central explica la magnitud del ajuste. En Estados Unidos existen más de 10.000 firmas registradas, pero menos de la mitad invierte activamente. La diferencia corresponde a los llamados “fondos zombis”, vehículos sin inversiones recientes que distorsionan la percepción de crecimiento.
Bajo un análisis con ventana de cuatro años, se considera inactivo cualquier fondo sin inversiones iniciales o de seguimiento. Con este criterio, el núcleo operativo del venture capital fue reducido prácticamente a la mitad. Para medir la contracción real, fue comparado el ritmo de nuevos fondos frente a los que dejaron de operar. El balance fue negativo por primera vez desde el año 2000, confirmando un cambio de ciclo estructural.

Supervivencia y resistencia en un mercado más exigente
Levantar un Fondo I siempre fue complejo. Sin embargo, la continuidad se transformó en la verdadera prueba. Los datos históricos de Sapphire Partners muestran que, en promedio, solo la mitad de los Fondos I logra levantar un segundo vehículo.
Las probabilidades de consolidación se reducen significativamente con el tiempo, según el mismo análisis:
- Cerca del 17% alcanza un Fondo IV, considerado nivel institucional.
- Menos del 5% llega a un Fondo VIII, tras casi veinte años de operación.
- Solo una fracción mínima se convierte en fondo franquicia.
El tiempo entre fondos también refleja el ciclo. Tras crisis previas, los intervalos se extendieron. Luego se normalizaron a tres años.
Un nuevo equilibrio en construcción
El venture capital no está desapareciendo, está siendo depurado. La contracción observada responde a una maduración necesaria del mercado. Menos fondos, mayor disciplina y capital concentrado están configurando un ecosistema más eficiente y sostenible. Cuando el dinero deja de fluir, el valor de la consistencia se vuelve central. El nuevo ciclo ya comenzó.
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