La fundadora de Quipu se lleva el premio del track Fintech patrocinado por inDrive, con una tecnología que convierte mensajes SMS en decisiones de crédito instantáneas para trabajadores sin historial bancario.
Hace algún tiempo una politóloga argentina que se subió a un vuelo humanitario durante la pandemia, aterrizó en un país que nunca había sido su hogar —Colombia— y empezó a prestarle diez dólares a personas a las que ningún banco quería tocar. Esa mujer es Mercedes Bidart. Y esa apuesta, que comenzó puerta a puerta en los barrios populares de Bogotá, acaba de recibir uno de los reconocimientos más relevantes del ecosistema fintech en mercados emergentes: el Aurora Tech Award 2026 en su track Fintech.
El premio no es un galardón cualquiera. La edición 2026 del Aurora Tech Award —lanzada por inDrive en 2021 como el reconocimiento global más importante para fundadoras de startups tecnológicas en mercados emergentes— recibió 3.400 postulaciones de 127 países, de las cuales 300 correspondieron al track Fintech específicamente. De ese universo, el equipo de Alina Zavorokhina e inDrive Money seleccionó a Quipu como la startup con mayor potencial estratégico. La razón: una tecnología capaz de analizar datos de SMS para generar decisiones de crédito en minutos para trabajadores gig y microempresarios que el sistema financiero tradicional sencillamente ignora.

El problema que nadie quería resolver
América Latina tiene un secreto incómodo: el 33,2% de su PIB se genera en la economía informal, y en países como Guatemala ese número sube al 44,6%. Nueve de cada diez negocios en la región son microempresas, y juntos enfrentan una brecha de financiamiento de más de 1,4 billones de dólares. No porque sean malos pagadores —sino porque jamás han tenido historial crediticio. Sin datos, los bancos dicen no. Sin crédito, el negocio no crece. El círculo se cierra sobre sí mismo.
Y cuando no hay banco, hay prestamista informal: 20% de interés semanal, cobro en la puerta de la casa, espiral de deuda difícil de romper. Ese era el mundo de Rosa, vendedora de bolsos artesanales en Barranquilla. Cuando Quipu la encontró, no tenía historial crediticio. Hoy lleva más de seis préstamos, acumuló más de cuatro mil dólares en financiamiento, y tiene su propio taller con cinco empleadas y un local en uno de los principales centros comerciales de la ciudad.
De quipu incaico a motor de inclusión financiera
El nombre lo dice todo: Quipu era el sistema de nudos con el que los incas registraban información en ausencia de escritura. En 2021, Mercedes Bidart y sus cofundadores —Juan Cristóbal Constain, Viviana Siless y Eduardo Carrasquilla— retomaron esa metáfora para construir algo con la misma lógica: registrar lo que otros no ven. La empresa nació de un proceso de incubación en DesignX del MIT, aunque su primer producto —un marketplace comunitario con moneda digital propia— fue un fracaso honesto que los llevó, gracias al trabajo de campo, a descubrir lo que realmente necesitaban los microempresarios: capital de trabajo.
Lo que emergió de ese pivote es una infraestructura de scoring alternativo que analiza variables que los burós tradicionales no capturan: patrones de comportamiento en SMS financieros, geolocalización, visión computacional aplicada a imágenes del negocio, actividad en redes sociales y señales de uso del celular. El modelo ha alcanzado métricas de AUC de hasta 0,84, y las instituciones que lo integran han visto incrementar hasta el doble sus tasas de aprobación crediticia sin deteriorar los indicadores de riesgo.
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Tracción que habla por sí sola
Los números de Quipu son los que convencen a los inversores —y que explican por qué inDrive apostó por ella entre 300 fintechs:
- Más de 300.000 usuarios con score crediticio generado.
- Más de 8 millones de dólares en préstamos colocados con unit economics positivos.
- Más de 40.000 clientes activos en todo Colombia.
- Breakeven alcanzado en 2025.
- US$4,6 millones levantados en capital total, incluyendo una ronda pre-Serie A de US$1,1 millones liderada por Impacta VC con participación de Decelera, Vertical Partners, Corteza Capital y Comfama.
- Alianzas estratégicas con Nequi, Claro, Bancóldex y ProMujer.
La empresa opera un modelo híbrido B2B2C: presta directamente a microempresarios, pero su mayor potencial de escala está en licenciar su API de scoring a bancos, wallets digitales, cooperativas y telcos que pagan por integración, SaaS o por usuario evaluado.
El piloto que podría cambiar el juego en México
El reconocimiento del Aurora Tech Award no viene solo. Con él llega algo más tangible: una asociación estratégica con inDrive.Money para un piloto en México, donde la infraestructura de scoring de Quipu será probada con conductores de inDrive que tienen poco o ningún historial crediticio. El contexto es revelador: el 90% de los ingresos de los trabajadores gig en México se consume en gastos básicos diarios, y el 45% de los conductores que acceden a crédito a través de inDrive solicitan un segundo préstamo, señal de que el sistema funciona.
México es el mercado natural para escalar: el país combina alta informalidad, penetración creciente de smartphones y wallets digitales, y una base masiva de trabajadores de plataformas que generan datos de actividad consistentes pero que los bancos convencionales no saben leer.
«Quipu no es solo una fintech; es infraestructura»
David Alvo, CEO de Impacta VC, lo dijo al momento de liderar la última ronda: «Quipu no es solo una fintech, sino una infraestructura para transformar cómo se asigna el crédito en América Latina». La propia Mercedes articula la visión de forma más ambiciosa aún: convertir a Quipu en el Equifax de la economía informal —un sistema donde los microempresarios sean dueños de sus datos y los bancos compitan por servirles, en lugar de ignorarlos.
Para llegar ahí, el Aurora Tech Award 2026 es más que un trofeo. Es un validador de tesis, un amplificador de red y —con el piloto de México— la primera prueba a escala de que lo que funcionó en Barranquilla puede funcionar en cualquier barrio informal de América Latina donde un conductor, una vendedora o un microempresario lleve en el bolsillo un celular lleno de datos que ningún banco sabe leer. Bidart sí sabe. Y eso, en 2026, vale mucho
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