viernes, junio 12, 2026

Los inversores que lideran la ecuación de Venture Capital en México

Tabla de contenidos

México tuvo en 2025 uno de sus mejores años en capital de riesgo, y aun así hay razones para no celebrar demasiado rápido. De acuerdo con el Latin America Venture Capital Report 2026 de Cuantico VP y Startuplinks, el país cerró el año pasado con US$980 millones desplegados, un crecimiento de más del 20% frente a 2024 que lo devolvió al centro de la conversación regional después de varios años de ajuste. Las tres rondas más grandes de toda América Latina en 2025 ocurrieron en México. Los titulares fueron favorables. El ecosistema, en apariencia, volvió a encenderse.

El problema es que detrás de ese número hay otra cifra que incomoda bastante más. Mientras el capital aumentó, el número de transacciones cayó en un desplome de más del 25% que llevó al ecosistema a su menor nivel de actividad desde 2018. Dicho de otra forma: México no creció hacia afuera sino hacia arriba. Tickets más grandes, rondas más concentradas, mayor visibilidad internacional, pero no más startups financiadas. Cuatro operaciones (las dos rondas de Plata, la Serie C de Klar y la Serie C de Kapital, concentraron US$680 millones) casi el 70% de todo el capital desplegado en el año. Plata sola representó el 42% del total anual. No son señales de un ecosistema en expansión. Pareciera ser un ecosistema con unos cuantos protagonistas que cargan con todo el peso de la narrativa.

El VC Efficiency Index de Cuantico VP, que mide la intensidad, densidad y amplitud del capital de riesgo en cada mercado, termina de afinar el diagnóstico. México aparece con 30.4 puntos, por detrás de Chile, Uruguay y Brasil, y prácticamente empatado con Colombia. Una paradoja tan clara que casi duele: la segunda economía más grande de América Latina produciendo menos deals por millón de habitantes que varios de sus vecinos. El país tiene el tamaño para liderar, pero todavía no termina de construir la base emprendedora que ese liderazgo requiere.

Y es exactamente ahí donde entran los inversores. En un mercado donde el pipeline temprano se estrecha, donde las rondas semilla tocan mínimos históricos y donde el capital se concentra en unas pocas apuestas de escala, los gestores con criterio y visión de largo plazo no son un actor más del ecosistema: son el factor que determina si México sigue siendo una historia de concentración o empieza a ser una historia de profundidad.

Lo que sigue son los perfiles de los nombres que hoy concentran influencia, reputación y capacidad de asignación dentro del venture capital mexicano. Sus trayectorias, tesis y portafolios permiten entender no sólo quién está invirtiendo, sino qué tipo de futuro se está financiando en una de las geografías más observadas de América Latina.

Adriana Tortajada: 1200 VC 

Antes de convertirse en una de las figuras más influyentes del capital de riesgo en América Latina, Adriana Tortajada pasó más de una década navegando las arterias institucionales del financiamiento público al emprendimiento: primero en Nacional Financiera, donde lideró la unidad de capital emprendedor diseñando instrumentos de financiamiento para startups en una era en que la palabra ni siquiera era de uso común en México; luego en el INADEM, donde fue directora de financiamiento y emprendedores de alto impacto, impulsando programas que canalizaron recursos públicos hacia el ecosistema en formación; y después en el Fondo de Fondos (FdeF), donde dirigió la unidad de VC, mezzanine e impacto, aprendiendo a evaluar gestores de fondo desde la silla del LP institucional.

Ese recorrido por el dinero público la preparó para algo que pocos en el ecosistema podían hacer: entender simultáneamente la lógica del capital privado y la estructura del ecosistema que lo recibe. Cuando Santander Universidades la contrató como Global Head of Entrepreneurship, Tortajada amplió esa visión a más de veinte países, construyendo una perspectiva comparada que muy pocos GPs latinoamericanos tienen. Es Kauffman Fellow, referencia formativa que comparte con varios de los inversores de esta lista, y ha sido reconocida por LAVCA como Top Woman Investor durante cinco años consecutivos, distinción que habla tanto de su influencia como de la consistencia con que la ha ejercido.

En enero de 2022 lanzó 1200.VC junto a Esteban Coppel, con Talipot Holdings —el family office fundado por la familia Coppel con operaciones entre San Diego y México— como inversor ancla y Guadalupe Rodriguez (CIO de Talipot y Board Chair de la firma) como socia estratégica. La propuesta de 1200.VC es estructuralmente distinta a la mayoría de los fondos mexicanos: opera como una plataforma de inversión early-stage que combina el modelo de fondo de fondos —invirtiendo como LP en gestores emergentes— con inversiones directas en fundadores, funcionando en ambos lados de la cadena de capital. Su objetivo para el primer fondo fue de US$150 millones, con cheques de entre US$2M y US$10M en fondos y co-inversiones directas en verticales de tecnología transformadora: inteligencia artificial, genómica, climate tech, fintech, robótica, healthtech y B2B SaaS, siempre con un lente ESG integrado y alcance binacional México–Estados Unidos.

Lo que distingue a Tortajada en el ecosistema no es solo su red o su curriculum: es su capacidad para leer el ecosistema desde múltiples ángulos al mismo tiempo —como reguladora, como LP, como GP y como arquitecta de política pública— una síntesis que muy pocos inversores en la región pueden replicar.

Hernán Fernández Lamadrid: Angel Ventures

Hay un antes y un después en la historia del capital de riesgo mexicano, y Angel Ventures está en ese quiebre. Cuando Hernán Fernández Lamadrid co-fundó la firma en 2008 junto a Camilo Kejner y Christian Meade Hervert, no existía en México un modelo profesionalizado de inversión ángel administrado de manera institucional. El ecosistema era pequeño, desconfiado del capital externo y carente de los puentes entre dinero y talento emprendedor que hoy parecen obvios. Fernández Lamadrid llegó a ese vacío con una combinación inusual: formación jurídica del ITAM —que lo hizo pensar en contratos, estructuras e incentivos antes que en hojas de cálculo—, una maestría en administración del MIT Sloan —que le dio el lenguaje del capital global— y años de trabajo en consultoría estratégica con Booz & Company en Ciudad de México.

Esa mezcla de rigor legal, visión de negocio y sensibilidad social moldeó el ADN de Angel Ventures desde el principio: una firma que no solo escribe cheques, sino que construye comunidad alrededor del capital. La red de inversores ángeles que articuló no era un simple club de colocaciones, era una infraestructura de convicción colectiva que permitió a decenas de profesionales mexicanos participar, por primera vez, como inversores en startups de manera estructurada.

El crecimiento de la firma siguió la lógica de alguien que entiende que la paciencia no es pasividad. El Fondo I de US$20 millones, lanzado en 2013 con el apoyo del BID, Nafin y Mexico Ventures, fue una señal de legitimidad institucional para el ecosistema en su conjunto. El Fondo II amplió el alcance a la Alianza del Pacífico. Y el Fondo III —AV Latam Fund III, con objetivo de US$120 millones— fue el salto definitivo: el primer vehículo de Angel Ventures diseñado para invertir en toda América Latina, incluyendo Brasil, con un fondo paralelo en Estados Unidos y una oficina en Austin pensada para capturar el ecosistema emprendedor hispanohablante al norte de la frontera. Hoy la firma reporta más de US$120 millones en activos bajo gestión, 76 inversiones, 10 salidas, tres IPOs y dos unicornios. TechCrunch lo describió en algún momento como el inversionista ángel más influyente de México. Forbes y CNN Expansión lo incluyeron entre las 30 Promesas de los Negocios. Board Member de AMEXCAP desde hace años, Fernández Lamadrid es uno de los arquitectos determinantes del ecosistema que hoy México presume al mundo.

Javier Sánchez Aldana: Carabela

La historia de Carabela es también la historia de lo que pasa cuando alguien decide apostar por un ecosistema antes de que el ecosistema esté listo para él. Javier Sánchez Aldana comenzó en Guadalajara, en 2013, construyendo desde adentro de Angel Ventures Guadalajara el primer fondo semilla de esa ciudad. No tenía un fondo institucional de respaldo ni el glamour de la Ciudad de México: tenía convicción y método. Antes de levantar su primer peso de capital externo, corrió más de cinco programas de incubación y aceleración que acompañaron a más de 65 startups, organizó quince workshops formativos para fundadores y fue co-fundador de Xcala, una red de inversores ángeles que ayudó a institucionalizar el ecosistema tapatío. Todo ese trabajo previo tenía un propósito: construir el deal flow y la reputación que ningún deck puede sustituir.

Cuando lanzó el Fondo I de Carabela en febrero de 2020 lo hizo con una red de más de 150 fundadores tecnológicos como LPs y aliados. El resultado fue un portafolio de 16 startups pre-semilla y semilla en seis países y once sectores: desde fintech y agtech hasta edtech y logística. Nombres como Moffin, 100 Ladrillos, Terapify, Rocketbot y Ankatech comenzaron a construir la reputación de Carabela como un fondo que identifica talento técnico antes que nadie.

Pero la decisión más reveladora de Sánchez Aldana no fue levantar el Fondo I: fue pivotar radicalmente la tesis para el Fondo II. En lugar de crecer como un fondo semilla agnóstico, Carabela II apunta exclusivamente a deep-tech B2B: plataformas con middleware técnico complejo, usuarios altamente especializados y distribución vía API o SDK. Es una apuesta contra la corriente en un mercado donde la mayoría de los GPs prefiere la legibilidad del fintech o el marketplace. Con un objetivo de US$20 millones y tickets entre US$250K y US$750K, Carabela II está construyendo una propuesta de valor difícil de replicar: capital paciente para fundadores técnicos en una región donde ese capital escasea. Sánchez Aldana es la prueba de que en venture capital, la geografía no es un límite, es una ventaja competitiva si sabes leerla.

Cristóbal Perdomo: WOLLEF

Cristóbal Perdomo tiene una trayectoria que desafía las narrativas lineales que suelen adornar los perfiles de los inversores de venture capital. Emprendió antes de terminar la preparatoria, luego estudió Derecho en la Universidad Iberoamericana donde se graduó summa cum laude, y en paralelo cursó su MBA en Columbia Business School con honores justo en el momento en que el mundo vivía el boom y colapso de las punto-com, una experiencia que lo vacunó contra el hype y lo entrenó para pensar en fundamentos. Vivió y trabajó en Argentina durante años, donde co-fundó una startup y se acercó orgánicamente al ecosistema de capital de riesgo latinoamericano desde el lado del emprendedor. Esa experiencia de haber estado al otro lado de la mesa nunca lo abandonó.

En 2013 co-fundó junto a Eric Pérez-Grovas —ex-MercadoLibre y figura clave del ecosistema regional— lo que entonces se llamaba Jaguar Ventures y hoy opera bajo el nombre WOLLEF. La elección del nombre y el rebrand no son decorativos: reflejan la evolución de una firma que pasó de ser un fondo mexicano a convertirse en un actor de convicción regional con identidad propia. Y los números respaldan esa evolución: en sus primeros diez años, WOLLEF desplegó más de US$180 millones en 44 empresas, con cheques que van de US$250K a US$3 millones.

Lo que realmente distingue a WOLLEF y a Perdomo no es el capital desplegado sino el resultado: es el único fondo mexicano que puede exhibir cinco unicornios en su portafolio, a saber, Konfío, Jeeves, Nubank, Kavak y Loft. Una concentración de resultados que en cualquier mercado del mundo sería notable y que en América Latina es, sencillamente, sin precedente para un fondo de ese tamaño. A eso se suman salidas concretas con retornos documentados: en 2023, la firma cerró las desinversiones de Ben & Frank y NEXU recuperando al menos 10x su inversión en cada caso, demostrando que no se trata solo de unicornios en el papel sino de capital real devuelto a los LPs.

La filosofía de Perdomo como inversor es de una honestidad poco común en el ecosistema. En entrevistas y en su podcast «Indie vs. Unicornio» ha insistido en que invierten en personas que lo arriesgan todo, que dan feedback rápido y directo aunque no sea cómodo, y que construyen relaciones de largo plazo con sus founders. No hay postureo: los resultados sugieren que la profundidad de la relación importa más que el tamaño del cheque.

Anna Raptis: Amplifica Capital

Anna Raptis llegó a México por el petróleo y se quedó por las mujeres. Nacida en Australia, con una licenciatura en Economía de la Universidad de Adelaida y una maestría en Políticas Internacionales de Johns Hopkins SAIS, pasó casi dos décadas trabajando en el sector energético, incluyendo años en la ONU y el Banco Mundial. Fue ese trabajo en energía el que la llevó a México, donde comenzó a participar como inversora ángel y como LP en fondos de VC locales. Desde esa posición de observadora privilegiada identificó algo que los datos confirmaban y el ecosistema prefería no nombrar: no existía en México ningún fondo de venture capital con un mandato explícito de apoyar a fundadoras mujeres.

Fundó Amplifica Capital en 2020 para llenar ese vacío, con una tesis de lente de género que no es filantrópica sino financieramente fundamentada: los estudios globales muestran consistentemente que los equipos con mujeres en posiciones de liderazgo generan retornos superiores, y sin embargo capturan apenas una fracción del capital disponible. En México y América Latina esa brecha es especialmente pronunciada, las startups lideradas por mujeres recibieron solo el 16% del capital de VC en la región en 2024, según LAVCA. Amplifica existe para arbitrar esa ineficiencia.

El primer fondo cerró en 2022 con US$11 millones con una composición que dice mucho: el 80% de los LPs son latinoamericanos y el 60% son mujeres. En un ecosistema donde la mayoría de los fondos regionales dependen de capital institucional estadounidense o europeo, esa estructura de LP es una declaración de principios. Amplifica invierte en pre-seed y seed en equipos con fundadoras o co-fundadoras, o en productos y servicios explícitamente diseñados para mujeres, con exposición sectorial en climate solutions, SaaS, fintech, marketplaces y healthtech. El portafolio incluye a Kolors (movilidad), Verqor (fintech), Clupp (seguros) y Mujer Financiera, entre otras.

Raptis es Kauffman Fellow, jurado de la Cartier Women’s Initiative, co-fundadora de Mujeres Invirtiendo y de Voz Experta. Ha construido, en paralelo al fondo, una infraestructura de comunidad que literalmente amplifica el impacto de cada inversión. En el ecosistema mexicano, donde el capital y la comunidad raramente van de la mano, eso es una ventaja competitiva real.

Andrés Baehr: Savia Ventures

Andrés Baehr es el tipo de inversor que aparece en los ecosistemas antes de que los inversores más grandes los descubran, y eso es exactamente su ventaja. Es abogado formado en la Universidad Católica de Chile, con una trayectoria que él mismo describe sin pudor como «irregular»: ocho años viviendo en Australia, una etapa en BHP (el gigante minero australiano) que lo introdujo a la lógica de las grandes apuestas en recursos naturales, y luego un regreso a América Latina como Director de Inversión en el Corporate Venture Capital de ENGIE entre 2019 y 2022, donde aprendió a evaluar tecnologías climáticas desde la perspectiva de un corporativo energético global con intereses directos en la transición. Paralelamente fue portfolio manager en Expande Minería y profesor adjunto de venture capital e inversión de impacto en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

En 2023, con toda esa experiencia acumulada y una convicción que pocas personas compartían en ese momento, Baehr decidió mudarse a Ciudad de México y fundar Savia Ventures. La tesis es simple en su enunciado y radical en su implicación: América Latina es el mayor mercado de climate tech sin explotar del mundo. La región concentra el 57% de las reservas de agua dulce del planeta, el 28% de la tierra cultivable global, dos de los pulmones verdes más importantes de la humanidad y una biodiversidad que ningún otro continente puede igualar. Pero el capital de riesgo climático latinoamericano es una fracción ínfima del global. Savia existe para empezar a cerrar esa brecha.

El primer fondo cerró en US$4.7 millones con 55 aportantes. El fondo invierte en pre-seed y seed en seis verticales climáticas: energía, movilidad, economía azul, agtech y uso de suelo, descarbonización industrial y biodiversidad. El portafolio inicial incluye a Strong By Form, que trabaja con biocomposites estructurales como alternativa a materiales de alta huella de carbono, y Ruedata, una plataforma SaaS para la gestión eficiente de neumáticos que reduce el consumo de combustible y emisiones en flotas de transporte.

Baehr representa una nueva generación de GPs latinoamericanos que no espera que el capital global descubra la región: decide ser él quien lleve el capital a donde el problema y la oportunidad ya están. En un ecosistema aún dominado por el fintech, esa es una apuesta contracíclica y visionaria.

Rogelio de los Santos: Dalus Capital

Pocos inversores en México pueden decir que estuvieron ahí desde el principio, no solo del venture capital, sino del ecosistema emprendedor en su conjunto. Rogelio de los Santos es uno de ellos. De los Santos fundó su primera empresa en 1999: también se llamaba Dalus, era una startup tecnológica y la vendió en 2001. Ese ciclo completo —fundar, crecer, vender— antes de los treinta años le dio una credencial empírica que ningún programa académico puede conferir. Trustee del Tec de Monterrey, miembro del International Board of Advisors de la Universidad de Texas en Austin, con un grado honorario de Babson y un certificado del MIT —de los Santos lleva décadas construyendo puentes entre el ecosistema latinoamericano y el anglosajón.

En 2008 lanzó Alta Ventures México, uno de los primeros fondos de capital de riesgo profesionales del norte del país, en una época en que el ecosistema de Monterrey todavía giraba alrededor de los grandes corporativos industriales y la cultura emprendedora estaba en pañales. En 2015, Alta Ventures evolucionó a Dalus Capital con una tesis más refinada y una red más amplia. Quizás el legado más duradero de Rogelio no sea el fondo sino el festival: en 2013 fundó INCmty, que con los años se convirtió en el festival de emprendimiento más grande de México, un evento que cada año conecta a miles de emprendedores, inversores, mentores y corporativos en Monterrey y que ha funcionado como un acelerador cultural del ecosistema norteño.

Dalus Capital invierte hoy en cuatro temas estratégicos: Inclusión (fintech, edtech, healthtech, HRtech), Innovación Climática, Productividad Empresarial y Consumidores Digitales. Los tickets van de US$500K a US$6M, y el fondo tiene una vinculación especial con el BID Lab para el tema climático. El portafolio historial incluye nombres como Clip, Mural, Technisys y más recientemente CLIVI, Plenna, Enerlink y Eden. En 2024 y 2025, de los Santos lideró o co-lideró varias rondas en estas últimas, demostrando que después de casi veinte años en el ecosistema, su ritmo de despliegue no ha disminuido sino que se ha vuelto incluso más selectivo y temático.

Rafa de Haro: Cometa

Para entender a Rafa de Haro hay que aceptar que algunas personas simplemente no caben en una sola categoría. Es abogado egresado de la Universidad Iberoamericana con especialización en Derecho Internacional en la Universidad Panthéon-Assas de París, banquero de inversión que fue parte del grupo de M&A de JPMorgan en Londres, emprendedor que co-fundó y dirigió Lifedots, una empresa de software en Nueva York que JPMorgan adquirió en 2011, y académico enseñando venture capital en el ITAM desde hace años. En su formación cuenta con un MBA de NYU Stern más cursos en la Universidad de Pekín y un programa de PE/VC en Harvard Business School. De Haro es uno de los GPs con formación más diversa e internacionalmente articulada del ecosistema mexicano.

Esa pluralidad no es accidental: refleja la trayectoria de alguien que llegó al venture capital después de haber visto el mundo empresarial desde varios ángulos y que decidió que la mejor manera de agregar valor a un founder era haber estado, de alguna forma, en los zapatos de todos los actores de la mesa. En 2012, Diego y Ernesto Vargas lo invitaron a co-fundar con ellos lo que entonces se llamaba VARIV Capital. En 2019, el equipo tomó la decisión de rebautizar la firma como Cometa —un nombre que evoca movimiento, trayectoria y luminosidad sin detenerse— y en 2023, cuando los Vargas vendieron su participación, De Haro y Pepe Bolaños asumieron el liderazgo de la firma en su totalidad.

Cometa invierte en empresas tecnológicas early-stage que sirven mercados hispanohablantes a nivel global, con especial foco en SaaS, fintech, marketplaces, inteligencia artificial y Web3. El fondo maneja un vehículo de US$130 millones con tickets entre US$500K y US$4M. A diferencia de muchos GPs que invierten de forma pasiva, Cometa tiene una política explícita de co-liderazgo y solicita un asiento en el directorio en prácticamente todas sus inversiones. El portafolio es uno de los más reconocidos del ecosistema: Bitso, Cabify, Conekta, Kueski, Simetrik, Prometeo, Territorium, WelcomeTech y Hunty, entre otros. En noviembre de 2024, Cometa co-lideró junto a Hi Ventures la ronda de US$9 millones de R2, que posteriormente fue adquirida por Ant Group, en uno de los deals más comentados del año. La firma abrió también oficina en Bogotá con Federico Monsalve como Head of Platform, ampliando su presencia a Colombia.

Santiago Zavala: 500 LatAm

La historia de Santiago Zavala no comienza en una sala de juntas ni en una clase de finanzas. Comienza en internet, a finales de los noventa, cuando aún cursando la preparatoria fundó culter.com.mx —un foro de cultura y tecnología que, en la era del dial-up, ya era una comunidad online real. Esa capacidad para identificar a las personas correctas antes de que los algoritmos existieran y para construir comunidades donde otros solo ven ruido es, quizás, el activo más valioso que Zavala ha trasladado al mundo de la inversión. Es el inversor que más se parece a un conector, y hay pocas virtudes más valiosas en venture capital.

Antes de llegar a 500 Global, co-fundó Mexican.VC junto a César Salazar, un fondo que sus propios socios describen como el vehículo de inversión tech mexicano más exitoso de su generación, con retornos de 11x cash-on-cash sobre el capital invertido. Cuando 500 Startups adquirió Mexican.VC, Zavala y Salazar se integraron al equipo global como venture partners para México. Con el tiempo, Zavala asumió el liderazgo de 500 LatAm, el fondo de habla hispana de 500 Global que opera desde Ciudad de México y que ha dirigido desde su lanzamiento.

500 Global tiene US$2.4 mil millones en activos bajo gestión a nivel global y opera en más de 80 países. 500 LatAm es su brazo para América Latina hispanohablante (México, Colombia, Argentina, Chile, Perú y Centroamérica) e invierte en early-stage con tickets en promedio de US$300K en fintech, healthtech, recursos humanos y transformación digital. Con más de 240 inversiones en la región, el portafolio latinoamericano incluye a dos unicornios (Konfío y Clip) así como compañías como Jüsto, Ayenda y Rocket.la. No lideran necesariamente todas las rondas, pero su capacidad de generar deal flow de calidad, conectar a founders con su red global y dar seguimiento con capital adicional en rondas posteriores los ha convertido en uno de los actores más activos y transversales del ecosistema regional. Zavala lleva más de 17 años construyendo ese ecosistema y probablemente conoce a más founders que cualquier otra persona en esta lista.

Jimena Pardo: Hi Ventures

Hay pocas historias en el venture capital latinoamericano tan simétricas y al mismo tiempo tan improbables como la de Pardo con Hi Ventures. En 2012, cuando el fondo se llamaba ALLVP sus socios fundadores Federico Antoni y Fernando Lelo de Larrea buscaban su primera inversión en México y apostaron por Carrot: un servicio de carsharing fundado por una emprendedora llamada Jimena Pardo. Era la primera inversión del fondo. Doce años después, Pardo regresó a ese mismo fondo, pero no como fundadora, sino como Managing Partner cerrando uno de los ciclos más elocuentes que el ecosistema mexicano ha visto.

Lo que ocurrió entre Carrot y su regreso a Hi Ventures no fue un paréntesis sino una formación acelerada. Después de Carrot, Pardo se unió a Meta/Facebook como Product Growth Manager para América Latina donde entre otras iniciativas lideró el lanzamiento de Facebook Dating en la región, una experiencia que la obligó a pensar en escala, en adopción masiva de producto y en los matices culturales del consumidor latinoamericano de una manera que pocos GPs han experimentado desde adentro de una Big Tech. Antes de Facebook había sido Product Manager en HP. Es ingeniera industrial egresada de la Universidad Iberoamericana con diploma del ITAM, Endeavor Entrepreneur, Kauffman Fellow y Board Member de AMEXCAP.

Cuando regresó en 2022 como Managing Partner de Hi Ventures —junto a Antoni y a un equipo que ya gestionaba cuatro fondos y más de US$300 millones en activos— traía consigo algo que el fondo necesitaba: la perspectiva de alguien que había sido founder, que había escalado producto en un entorno de hipercrecimiento global y que entendía el ecosistema latinoamericano no desde los libros sino desde la experiencia directa. Bajo su liderazgo, Hi Ventures reforzó su tesis de liderar rondas y exigir asiento en el directorio, y lanzó un fondo específico de inteligencia artificial. El portafolio reciente incluye inversiones en R2, Tess AI, Melian, Verve Market y Atlas (adquirida por Remote en 2026). El historial más largo incluye Exits como el de Cornershop a Uber en 2021 y Flink a Webull en 2024. Hi Ventures es hoy, por trayectoria y resultados, una de las firmas de VC más respetadas de América Latina y Pardo es una parte central en la organización.

Alejandro Diez Barroso: DILA Capital

Si hubiera que elegir un solo inversor que simboliza la historia de largo aliento del venture capital mexicano, ese sería Alejandro Diez Barroso. No porque sea el más mediático ni porque su portafolio tenga los unicornios más conocidos, sino porque lleva en este juego más tiempo que casi todos, desde un momento en que «levantar un fondo» en México era prácticamente una anomalía cultural.

Su camino hacia la inversión fue, como muchos de esta generación, tortuoso y construido desde la práctica. Estudió Economía en la Universidad Iberoamericana y completó su MBA en la Kellogg School of Management de Northwestern. Antes de DILA co-fundó Wau Spot, una empresa de publicidad digital en centros comerciales que vendió en 2004. Trabajó como asociado en Promecap y luego fue CEO de Vilebrequin México entre 2006 y 2009. Es también co-fundador de The Pool, el primer espacio de coworking de Ciudad de México, y de ASEM (Asociación de Emprendedores de México), una organización que durante años fue la columna vertebral de la comunidad emprendedora en el país. Board Member de AMEXCAP, ha participado en prácticamente todos los hitos institucionales del ecosistema.

DILA Capital, co-fundada con Eduardo Clave, es hoy una firma con cuatro fondos, más de 61 empresas en su historial de inversión, dos unicornios, cuatro adquisiciones y un radio de acción que abarca desde pre-seed hasta Serie C. La tesis tiene una coherencia narrativa inusual: invierten en emprendedores hispanohablantes que construyen para América Latina o en empresas estadounidenses que sirven al mercado hispano, con tickets de US$750K a US$3M y una clara preferencia por mercados grandes donde la tecnología puede escalar sin fricción cultural. El portafolio incluye nombres como Urbvan, Kushki, Ben & Frank, Incode, Cobee y Cicada. En 2024, la adquisición de Cobee por Pluxee fue una de las salidas más comentadas del año.

Diez Barroso tiene una cualidad que los LPs aprenden a valorar con el tiempo: es uno de los pocos GPs mexicanos que puede decir que ha visto el ecosistema desde adentro en cada uno de sus ciclos: la austeridad de los primeros años, el boom de 2021, la corrección de 2022 y el rebote de 2025, y que ha tomado decisiones coherentes en todos ellos.

Laura Ortiz Montemayor: Regenera Ventures Fund

Laura Ortiz Montemayor no encaja en ninguna de las categorías habituales del venture capital, y esa incomodidad clasificatoria es, posiblemente, su mayor activo. No es una VC tradicional que pivotó hacia el impacto, ni una ejecutiva que aprendió el lenguaje financiero para sobrevivir en salas de inversores. Es algo más raro: una intelectual que decidió que el capital era la palanca más eficiente para transformar los sistemas económicos que le preocupan y que aprendió a hablar el lenguaje financiero con una fluidez que desarma a quienes esperan encontrar solo ideología donde ella trae análisis

Pasó ocho años en el mundo de la banca privada y la gestión de activos —primero en BBVA, luego en Citi Banamex— antes de dar lo que muchos en su entorno describieron como un giro radical. Pero si se le pregunta a ella, no fue un giro sino una consecuencia lógica: llegó a los límites de lo que el capital convencional podía hacer y decidió rediseñar el vehículo. Co-fundó SVX México, una firma de asesoría de inversión de impacto que en sus años de operación ha dirigido más de US$45 millones hacia estrategias de economía regenerativa en México y desde ahí construyó una de las redes más densas y transversales de inversión de impacto en el país. Ha educado a más de 4,000 inversores latinoamericanos en los principios de la inversión de impacto, fundó el México Impact Investing Steering Committee (AII MX) como parte de la Global Steering Group (GSG) y es miembro fundador de ASEM. Certificada en inversión de impacto por Oxford, UCI, RiskMathics, ANDE y NYU, una acumulación de credenciales que habla de alguien que no da por sentado ningún conocimiento.

Regenera Ventures Fund que co-gestiona con su socia Stevie Smyth, es la destilación más concreta de todo ese recorrido. La tesis es hiper específica: invertir en la transición regenerativa del México rural, con un lente de género explícito y un enfoque que reconoce que los sistemas agrícolas son ecosistemas complejos que no pueden transformarse empresa por empresa, sino territorio por territorio. La meta declarada es apoyar a 18,000 pequeños agricultores trabajando en más de 65,000 acres de tierra regenerativa. Los términos de financiamiento son co-creados con los emprendedores, un modelo que rompe la asimetría de poder tradicional entre el capital y el emprendedor.

El fondo inaugural se encuentra en proceso de levantamiento con un consorcio que incluye a Conservation International y el Reciprocity Fund de Beneficial Returns. La visión a mediano plazo incluye un segundo fondo para México y Colombia.

México: un motor del ecosistema regional

Lo que estos doce perfiles revelan, en conjunto, es algo que las cifras por sí solas no alcanzan a explicar: México no es simplemente el segundo mercado de venture capital de América Latina por volumen de capital, sino uno de los ecosistemas que ha logrado mayor diversidad y sofisticación en la generación de sus gestores. Hay firmas con quince años de trayectoria y unicornios en el portafolio, fondos de segunda generación con salidas documentadas y retornos reales, y una nueva camada de GPs apostando por verticales que el capital global todavía subestima, como la tecnología climática y la inversión con lente de género. Esa pluralidad es el resultado de personas que decidieron construir un ecosistema cuando todavía no había manual para hacerlo.

La importancia de México para América Latina va más allá de lo que indica su participación en el volumen regional de inversión. El ecosistema mexicano funciona como laboratorio de problemas estructurales compartidos por toda la región, con la masa crítica suficiente de talento, capital y comunidad para convertir esos problemas en modelos de negocio exportables. Cuando una startup mexicana resuelve el acceso al crédito informal o la gestión energética en comunidades rurales, rara vez tarda en descubrir que el mismo problema existe en Bogotá, Lima o Buenos Aires. Esa transferibilidad de soluciones convierte a México en un punto de entrada natural para el capital global que quiere exposición a la región sin empezar desde cero en cada mercado.

Para el país, los retos estructurales como la falta de salidas o liquidez persisten y sería ingenuo ignorarlos, pero los ecosistemas que perduran no son los que no tienen problemas, sino los que tienen la densidad suficiente para resolverlos desde adentro. México, por primera vez en su historia como ecosistema de venture capital, tiene esa densidad. Tiene veteranos con track record institucional, una generación intermedia con tesis propias y una base de fundadores que ya completaron un ciclo y están reinvirtiendo en el siguiente. El momento actual no es el pico de algo que ya pasó. Es la base de algo que apenas empieza.

También te puede interesar leer: 

Los líderes que impulsan el Venture Capital en Colombia

Relacionados Posts