martes, enero 20, 2026

Como invertir en Latinoamérica: consideraciones para LPs e inversores estratégicos

Tabla de contenidos

Latinoamérica se ha convertido, silenciosamente, en uno de los lugares donde el capital de riesgo compra más opcionalidad por cada dólar invertido. La brecha entre percepción y realidad es hoy una de las mayores fuentes de alpha disponible para VCs, family offices, LPs y business angels internacionales.

Mientras buena parte del mundo desarrollado lidia con saturación competitiva y envejecimiento demográfico, la región combina algo poco común: mercados jóvenes, digitalización acelerada, costos de adquisición de clientes mucho más bajos y una generación de fundadores que ya no está aprendiendo desde cero.

El resultado es incómodo para la narrativa clásica de “alto riesgo, retornos inciertos”: 44% de los fondos latinoamericanos se ubican en el cuartil superior global por desempeño (TVPI), y 19% en el top 5%. Algo que no parece precisamente marginal.

Dónde rinde más el dólar: la matemática del impacto

De acuerdo con Jose Kont, director ejecutivo de Cuantico VP “si inviertes 1 dólar en el mercado latinoamericano, el impacto es enorme comparado con ese mismo dólar en Estados Unidos”, esto no es humo regionalista; está describiendo una asimetría cuantificable.

En marketing digital, los comparativos son contundentes: el costo promedio de adquisición de clientes en Latinoamérica ronda los $12.26 dólares, frente a $81.84 en EE. UU./Canadá y $46.08 en Europa. Con un presupuesto fijo, una marca puede comprar casi siete veces más clientes en la región que en Norteamérica. En mobile, el costo por instalación suele ser entre $0.50 y $2.00, aproximadamente un 60% menor que en EE. UU.

Para un inversor o un business angel apoyando a una compañía esto significa algo muy simple: el mismo capital compra más experimentos, más iteraciones de producto y más curva de aprendizaje. En lugar de quemar millones para verificar si hay tracción, una startup latinoamericana puede validar PMF, ajustar pricing y construir una base relevante de usuarios con una fracción del presupuesto.

Al multiplicador de CAC se suma un contexto demográfico difícil de ignorar. La región tiene una edad mediana de 31.7 años, con más de 156 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, más de una cuarta parte de la población. Mientras Europa, Japón o incluso Estados Unidos se preocupan por quién va a sostener sus sistemas de retiro, Latinoamérica tiene por delante una o dos décadas de bono demográfico y expansión de consumo.

En paralelo, la digitalización avanza rápido: la penetración de internet pasó de 43% a 78% en una década, con países como Chile ya cerca de 90%. El 79% de la población tiene una cuenta financiera o tarjeta de débito, y el 88% usa el móvil para pagar. Y, aun así, alrededor de 91 millones de personas siguen sin acceso a servicios financieros digitales y unos 200 millones están en fases iniciales de inclusión. El “espacio en blanco” sigue siendo enorme.

De desierto a ecosistema: la segunda generación de fundadores

Hace 15 años, hablar de startups y VC en la mayoría de países latinoamericanos sonaba casi exótico. Kont lo resume de forma directa: “hace 10 o 15 años no había nada: ni startups, ni fondos, ni ecosistema; hoy ya estamos viendo segundas generaciones de fundadores y fondos”.

La primera ola —Mercado Libre, Nubank, Rappi, Kavak, Ualá y compañía— ya dejó de ser “promesa” para convertirse en infraestructura económica. Mercado Libre cerró 2024 con unos $21 mil millones de ingresos netos (+38% interanual), un GMV de $51.5 mil millones y una división fintech (Mercado Pago) con $8.6 mil millones en ingresos y $197 mil millones en volumen de pagos. Nubank y Rappi, nacidos como startups “rebeldes”, son ya referentes corporativos en sus países.

Lo que importa para el inversor institucional es la dinámica que esa primera ola genera: ex-Rappi, ex-Kavak, ex-Mercado Libre creando nuevas compañías, llevándose consigo know-how de hipercrecimiento, fundraising y expansión regional. Eso es exactamente lo que convirtió a Silicon Valley en lo que es. Latinoamérica está entrando en esa fase.

Cómo se comporta el capital: más selectivo, no ausente

El ajuste de valoración de las compañías emergentes y la sequía global de capital de riesgo de 2022–2023 llegaron también a la región, pero no la descarrilaron. En 2024, el venture capital desplegó $3.6 mil millones (sin incluir deuda) en 694 deals en Latinoamérica. En 2025, el volumen volvió a crecer alrededor de 14%.

Es decir: no hay euforia irracional, pero tampoco colapso. Hay estabilización alrededor de $1,000 millones por trimestre desde 2022, suficiente para sostener un pipeline sano.

La distribución geográfica refleja realidades distintas:

  • Brasil concentra la mayor parte del capital, con unos $1.7 mil millones solo en fintech y cientos de deals por año.
  • México retoma el segundo lugar, apoyado por nearshoring y su rol como puerta de acceso a EE. UU.
  • Argentina, Colombia y Chile completan el bloque principal, cada uno con combinaciones diferentes de talento, riesgo macro y sofisticación del ecosistema.

El capital se ha movido hacia compañías más maduras: 65% del dinero en 2024 fue a empresas con mayor grado de desarrollo, frente al 46% en 2023. La consigna implícita: menos apuestas a “powerpoint”, más cheques relevantes a quienes ya demostraron ejecutar con eficiencia.

Para LPs, otro dato importante: la región no vive de fondos improvisados. En 2023 se levantaron $10.1 mil millones en 94 fondos, la segunda cifra más alta de la historia, y el 72% de ese capital fue a gestores experimentados (fondos IV o posteriores). No es el experimento de moda; es un asset class que se institucionaliza.

Fintech como laboratorio de la región

Si hay un sector que condensa el potencial y las fricciones de Latinoamérica, es fintech.

En los últimos años, el número de empresas fintech en la región creció 112%: de 1170 a más de 2400 plataformas en unos 26 países. Hoy existen 2,482 plataformas fintech latinoamericanas, cerca del 22.6% del total global. No es un nicho; es un bloque significativo del mapa mundial.

La mayoría se concentra en pagos y remesas, crédito digital e infraestructura tecnológica para bancos y comercios. Lo relevante no es solo la cantidad, sino el foco: 57% de las fintech atienden a personas no bancarizadas o sub-bancarizadas, frente al 42% de 2017. Es decir, no están compitiendo principalmente por el cliente de alta renta que ya tenía cinco tarjetas; están construyendo sistemas desde cero para quienes el sistema tradicional ignoró.

En paralelo, la regulación avanza a diferentes velocidades. México, Chile, Ecuador y Perú cuentan ya con leyes fintech relativamente integrales, mientras Brasil lidera en open finance e incluso open insurance. Sin embargo, en buena parte de la región persiste la tentación de tratar a startups como si fueran bancos tradicionales, con cargas regulatorias y de capital que no encajan con su etapa de desarrollo.

Desde la perspectiva de un inversor internacional serio, fintech en Latinoamérica no es una apuesta trivial. Es un espacio donde la asimetría entre necesidad y oferta es gigantesca, pero la ejecución exige entender muy bien el mosaico regulatorio y estar dispuesto a navegarlo con paciencia.

Riesgo real, no decorativo: política, regulación y cultura

Pensar en retornos sin hablar de riesgos en Latinoamérica sería irresponsable.

En encuestas a corporativos e inversores, el 84% menciona la inestabilidad política y los cambios regulatorios como principal freno a la inversión. La corrupción y la falta de transparencia preocupan al 68%. Es decir, el riesgo político-regulatorio no es una nota al pie: es parte del diseño.

La fragmentación normativa multiplica la complejidad. Cada país tiene sus propias reglas de KYC, AML, licenciamiento, impuestos y estructuras societarias. Lo que funciona en México no necesariamente opera igual en Colombia; lo permitido en Brasil puede estar bloqueado en Perú. En laboral, hay jurisdicciones donde despedir a un empleado “sin causa” implica indemnizaciones que pueden acercarse al doble de su salario anual. Y no hay que olvidar la volatilidad de divisas: para startups que ingresan en moneda local pero pagan servicios en dólares, el riesgo cambiario es estructural.

A este contexto se suma una cultura de negocios diferente a la anglosajona. Las decisiones se toman más despacio, la jerarquía pesa más y la comunicación suele ser menos directa. La famosa “small talk” de 20 o 30 minutos hablando de familia, comida, clima o fútbol antes de entrar al negocio no es un defecto de productividad; es el mecanismo local de construcción de confianza. Ignorarlo es sabotear la relación desde el comienzo.

Quien pretenda entrar a la región con el mismo guion que usa en Boston o Berlín, solo traducido al español, va a quemar relaciones, tiempo y dinero.

Cómo evaluar startups latinoamericanas sin engañarse

Frente a esta mezcla de potencial y complejidad, la forma de evaluar compañías tiene que ajustarse. Kont lo explica de manera muy clara: «en etapas tempranas, el factor clave no es el tamaño del mercado ni la elegancia de la solución, sino el equipo y su capacidad de atraer talento.»

En una región donde:

Hay más de 1 millón de profesionales de TI, Brasil suma alrededor de 759,000 desarrolladores, uno de los pools más grandes del mundo, y aun así, 65% de las empresas mexicanas declara sufrir escasez de talento, con déficits evidentes de especialistas en varios países, la verdadera ventaja competitiva de un fundador es convencer a gente muy demandada de apostar su carrera a un proyecto nuevo.

Por eso, para un inversor extranjero, tiene más sentido hacer preguntas como:

  • ¿A quién ha logrado reclutar este equipo y de dónde vienen?
  • ¿Cuánto tiempo llevan juntos los cofundadores y qué han construido antes, incluso fuera del mundo startup?
  • ¿Quién está dispuesto a dejar un Nubank, un Mercado Libre o un Rappi para trabajar con ellos?

La otra trampa habitual es el “go global” prematuro. Kont lo ve constantemente: founders levantando capital con el pitch de “abrir México”, “entrar a Brasil” o “salir a EE. UU.” cuando ni siquiera tienen product-market fit claro en su país de origen. Escalar en ese estado no es ambición; es sumar complejidad regulatoria, cultural, de moneda y de operación a un modelo que aún está verde.

En Latinoamérica, donde cada frontera cambia de reglas, pretender copiar-pegar el mismo producto sin adaptaciones es particularmente peligroso. Los proyectos que funcionan mejor suelen:

Consolidar primero un PMF robusto en su mercado doméstico. Hacer después una expansión selectiva, con adaptación real de producto, pricing, canales y operaciones.

El mercado ya no premia el “crecimiento a toda costa”. La inversión se orienta a compañías que demuestran eficiencia de capital, burn moderado, unit economics sanos y un camino razonable hacia rentabilidad.

Dónde tiene más sentido buscar oportunidades ahora

El mapa sectorial ofrece señales claras.

Fintech sigue siendo el gran imán de capital, concentrando en torno al 60% de la inversión de VC en algunos años recientes. No es casual: la combinación de smartphone masivo, sub-bancarización y marcos regulatorios en evolución genera espacio para infraestructuras de pago, crédito alternativo e innovación B2B.

Al mismo tiempo, software empresarial y servicios de TI representan ya cerca del 36% del capital desplegado. La segunda generación de fundadores está aplicando inteligencia artificial, automatización y productos SaaS a problemas profundamente latinoamericanos: cadenas de suministro informales, conciliación de pagos caótica, educación masiva en español y portugués, salud en zonas rurales.

El e-commerce, por su parte, supera ya los $100 mil millones en valor y se proyecta que se duplique, con países como Argentina y Colombia entre los mercados de mayor crecimiento global. Healthtech y edtech aportan casos demostrables de tracción, como Osana o plataformas educativas regionales como Edtools que combinan accesibilidad con AI relevante que resuelve ineficiencias.

En sostenibilidad, la conversación ESG dejó de ser un discurso aspiracional y empieza a mostrar datos duros: la inversión ESG en la región podría pasar de $1.79 mil millones a $4.54 mil millones en 2030, con un crecimiento anual cercano al 18%. Para LPs y family offices con mandatos de impacto, pocos lugares ofrecen esta combinación de necesidad social, presión regulatoria futura y potencial de retorno.

Qué deberían hacer ahora VCs, LPs y business angels de fuera de la región

La conclusión es simple: Latinoamérica ya no se puede ignorar sin que eso tenga coste de oportunidad. El dilema no es si la región tiene potencial; es si el inversor está dispuesto a invertir en entenderla.

Para aprovecharla sin estrellarse, hay varios movimientos casi obligados:

  1. Primero, dejar de pensar en “LatAm” como un bloque homogéneo y diseñar estrategias distintas para Brasil, México, Cono Sur, Región Andina y Centroamérica. Cada una tiene sus reglas, sus velocidades y su perfil de riesgo-recompensa.
  2. Segundo, entrar acompañado. Co-invertir con fondos locales, trabajar con abogados y fiscalistas de cada jurisdicción, incorporar venture partners que hayan vivido la región desde dentro. Pretender sustituir esto con viajes esporádicos y desk research no funciona.
  3. Tercero, ajustar el filtro de evaluación. Darle más peso al equipo y a la capacidad de atraer talento que al pitch deck perfecto. Exigir PMF local antes de aplaudir planes de expansión regional. Mirar con lupa unit economics y eficiencia de capital.
  4. Cuarto, aceptar horizontes de liquidez algo más largos, y complementar con herramientas como venture debt y mercados secundarios para gestionar riesgo de salida.
  5. Quinto, y quizá lo más incómodo, adaptar el estilo de relación. Permitir que las reuniones empiecen hablando de familia y fútbol, entender que en muchos casos el “sí” latino significa “sí, pero con matices”, y asumir que la confianza se construye a otro ritmo.

La pregunta de fondo ya no es si Latinoamérica “vale la pena”. Los datos de retornos, costos, demografía y digitalización responden eso con comodidad. La verdadera cuestión para un inversor sofisticado es otra:

¿Está dispuesto a hacer el trabajo que exige capturar esa asimetría, o va a dejar que otros se queden con la parte más interesante de este ciclo?

Análisis basado en entrevista a Jose Kont, director ejecutivo de Cuantico VP en el Ivy Podcast.

Relacionados Posts